Qué es una MAN KILLER?

Una Man Killer es una mujer dinámica, enérgica, inteligente y decidida. Es la perfecta compañera para lograr las metas en común y tener libertad para lograr las personales.


Una Man Killer nunca será sumisa ni torpe al hablar, su voz es fuerte y decidida, sabe lo que quiere, lo que le beneficia y sabe cuando dejar atrás lo que no la ayuda a ser mejor.

Como todos una Man Killer tiene sus días malos, pero de ella misma depende de que solo sea eso, un día...


martes, 3 de agosto de 2010

...agua


Tuve por algún tiempo, no se precisar cuánto, empozada en mi mano una pequeña fuente de agua. El agua estaba apacible sumergida entre las grietas de mi palma, fresca e inmóvil.

Sabía que estaba ahí, a pesar de que no podía verla ni tocarla; saber que era mía no era suficiente motivo para hacerme feliz, porque muy en el fondo de mí sabía que había extraído de ella su dinamismo, su movimiento, su don de vida.; la había hecho prisionera sin ninguna intención.

Así que me decidí un día a abrir mi mano, desplegar mi palma y dejar que el agua viera la luz.

Pude observar como la luz se impregnaba en el agua como pequeños destellos tintineantes, como esta corría precipitándose al vacío en forma de pequeñas y húmedas venas, pude ver como el agua se escurría por mis dedos y me abandonaba.

Entonces al percatarme de esto traté de cerrar de nuevo mi mano y retenerla conmigo, pero ya era tarde, ya toda se había ido, dejando una sensación húmeda que se esfumó rápidamente con la brisa.

La tristeza me abrazó por la espalda, y me lamió con su repugnante lengua la oreja. Me estaba dando cuenta de que ahora ya no poseía nada, y aquello que me daba vida, que me daba aliento desapareció de mi mano, no supe manejar su existencia, no supe hacerla parte de mí.

Tal vez –pensé luego- aún el agua estaría posada en mi mano si nunca la hubiera tenido cautiva, aun refrescaría mi cuerpo si la hubiera dejado libre, si no hubiera posado sobre ella mis dedos hundiéndola en la oscuridad.

Ahora ya es tarde y he quedado sola, sin aquello que sustenta la vida, sin aquello que sin saberlo me complementaba.

lunes, 19 de julio de 2010

DIOS


Luego de mucho pensarlo y de haber revuelto y ahogado más de una vez esta teoría en la tazas de té de media tarde se me hace casi más certero el hecho de que Dios ha diseñado una serie de pruebas las cuales aplica de manera aleatoria a mi existencia.

Cuales son los motivos que lo han llevado a esto? Ni idea, sus motivaciones son tan divinas e invisibles como su propia existencia, pero suelo pensar que su posición frente a mí radica del simple hecho de que está harto de que lo jorobe tanto, que está harto de mi versión pachanguera del libre albedrío.

Pues es así como he detectado que Dios ha comenzado por hacerme pasar pequeñas pruebas que en sumatoria desequilibran mi ya automatizado estilo de supervivencia.

Percibo la mano divina, siento en el aire como flota la esencia de un autor intelectual carente de carne y hueso, que lleva hasta su diestra mi humilde e insignificante existencia, siento como me toma de un brazo y de una pierna y empieza a jalar cada extremo para averiguar que tanto me puedo estirar.

Es en ese preciso momento cuando en mi realidad terrenal siento como las cosas se empiezan a tornar color de hormiga, se ponen peludas, se ponen espesas. Es también en ese preciso momento en que Dios espera que ponga a trabajar los dones de raciocinio y creatividad que nos hacen tan únicos. Aveces sus mejillas se contraen dando paso a una angelical sonrisa, un gesto de satisfacción por mi reacción ante su prueba, otras tantas se lleva las manos a su inmaculada cabeza, se jala sus blancos cabellos y se “rasga las vestiduras” al ver mi bestial reacción.

De vez en cuando, como resultado de estas animaladas me manda una patada, para que me despierte y no pierda el rumbo, porque está en su naturaleza ser misericordioso, punto a favor nuestro.

Yo se que ÉL estaría más complacido si escuchara de mí más a menudo, si lo buscara con más ahínco y más fervor, si le pidiera más favores, si le agradeciera aún más y si callara un poco mis lamentos e incomodidades; por eso espero que en mi torpe oración, en mi ruego sincero, en cada vez que lo nombro en mi mente y le cuento mis desventuras encuentre la esencia de mi sentir, de mi amor eterno.

Lo confieso


Confieso que canto (o ronco?) canciones de hace 500 años, como “Venus” de Avalon o “I'm Sorry” de Brenda Lee, y aunque nadie me lo crea, no contesto teléfono cuando éstas suenan.

Confieso que me encanta caminar bajo la lluvia, sola o acompañada, a paso lento y alivianada.

Confieso que me ataca el hipo siempre que tomo el primer sorbo de Coca Cola, que me gustan las botas altas, los libros de terror y ver resúmenes deportivos.

Confieso que odio levantarme tarde un fin de semana, que me gusta descansar en el sofá de la sala, boca arriba, mientras Surimi, mi perra, se echa encima de mí, ambas con la mente en blanco.

Confieso que tengo adicción al chocolate, que me deleita cómo suena mi nombre, que me gusta usar medias largas y que me siento asfixiada un domingo en la casa.

Confieso que aveces me quedo dormida mientras escribo, que según mi jefa tengo los sueños más extraños que ha oído, que me lavo los dientes al llegar a mi casa para que no me den ganas de comer mucha cochinada.

Confieso que se me olvidan los secretos que la gente me comenta, que me aburren las cosas de “nenas”, que amo andar descalza y que se me olvidan los cumpleaños.

Confieso que me gusta el arroz con leche frío, la olla de carne añeja, la manzana roja con limón y que detesto el café.

Confieso que tengo cierta debilidad por los hombres, me desvelo por los perros y pierdo las llaves de mi casa con frecuencia.

Confieso que me encanta andar en pijama, fantasear en voz alta y caminar sin rumbo fijo.

Confieso que hay alguien que me gusta pero que me ignora, que odio los peluches y a los hombres con mala ortografía.

Confieso que me gusta “Las Meninas” de Velasquez, “Dance” de Mucha y “El Beso” de Klimt.

Confieso que aveces me dan ganas de fumarme un habano, de no peinarme a diario, de correr envuelta en un paño; de darle un beso apretado a un extraño, de comerme algo sin pagarlo.

Confieso que me gustan los dulces, que me aturden los metiches, que me gusta reventar espinillas, que me peso una vez al día, que aveces me duermo sin lavarme los dientes, que todos los días desayuno cereal con leche.

Confieso que casi no veo tele, que me gusta pintar en las paredes, que me siento fuera de lugar muy frecuentemente, que mi papá me asusta cuando me habla fuerte.

Confieso que le debo plata a todo el mundo, que me gusta escaparme de la rutina sin previo aviso, que no soy capaz de comprar lotería y que siempre llevo mi propia bolsa al súper.

Confieso que no sé silbar, que he sufrido dos parálisis faciales y que siempre pierdo las apuestas (bueno, casi siempre).

Confieso que soy una descarada, que no tengo problemas en sentirme consentida, pero que a la vez no me gusta que se acerquen demasiado a mí.

Confieso que todo se me olvida, que tengo problemas con la disciplina y que a pesar de todo existe gente en este mundo que me ama, y es a esa gente a la que le digo Gracias!.

domingo, 4 de julio de 2010

Vamos, sentémonos a conversar


Vamos, sentémonos a conversar.

Acerca la silla que descansa su respaldar en la fría pared y calienta con tu cuerpo su forro de cuerina. Haz de cuenta que es la primera vez que tratamos de no ir al punto sin sentir que nos queman las ansias por dentro.

Yo prefiero sentarme en el suelo, frente a tí, así si algo de lo que te diga te sonroja podré ver tu deliciosa expresión.

Puedo meter mi pie entre el ruedo de tu pantalón?, si eso te desconcetra házmelo saber.

Lánzate al abismo, saca el primer tema de conversación de nuestra velada, que entre nosotros las palabras fluyen como ríos caudalosos sin control, y con la misma fuerza de una despiadada cabeza de agua se llevan al tiempo entre sus garras.

Es inevitable no seguirte el verbo, me atrapa el olor de tus pensamientos.

Hablamos por horas, sin mirar el reloj, sin recordar compromisos, sin pensar en consecuencias, por que la peor de ellas, en este momento, es no poder soltar al aire las palabras que ahora revolotean frente a nosotros; no podemos privar a nuestras gargantas de sentirse rozadas por ellas.

Inclinate un poco, dame un beso que me alerte de que el tema se ha consumido y tenemos que comenzar otro. Mirame como quién no piensa en nada pero abarrota su mente de pensamientos, pensamientos que no van más allá de este pequeño lugar.

Quieres vino para apaciguar la resequedad de tu boca?, aunque disimulas puedo notar que lo necesitas; para seguir hablando de cosas que nadie más entiende hay que humedecer el cuerpo.

Te propongo un tema, el cual siempre aceptas, sabes que al final terminaremos por hablar del mismo tema al cual llegamos todas nuestras noches.

Me pones en jaque, insistes en desbalancearme, quieres ver que tan frágil puedo llegar a ser y me bombardeas con frases y datos, esperas que mi respuestas estén a la altura de tu apuesta, de la apuesta que hiciste al quedarte conmigo.

Nunca he guardado silencio, te veo directamente a los ojos y aunque sé que notas como me derrito por dentro te expongo mi punto de vista, mi opinión, te das por satisfecho y continuamos con nuestro idilio verbal.

Y así transcurren las horas, y aunque resentido el cuerpo pide descanso hacemos caso omiso a su reclamo, por que cada noche es como si fuera la última, y así podría ser.

Acercame mi cartera, es tarde y me quiero ir, pero mientras lo haces sigue hablando y si notas que bajo mi cabeza no te sientas mal, es sólo que quiero verme para poder constatar de que realmente estoy aquí, de que no estoy soñando. 

lunes, 7 de junio de 2010

Corteja a la vida


Sonríele a la vida, tenla de tu lado, nunca dejes de cortejarla porque puede convertirse en tu peor enemiga. Toma riesgos en nombre de ella y lánzate osado en busca de tus sueños.

Hazla tu aliada frente a las adversidades, aliméntate de su energía y traza tu propio horizonte.

No la retengas entre tus manos por miedo a perderla o a desperdiciarla, esparce su luminosidad por donde surque tu camino y deja impregnada en el ambiente tu presencia.

Que ella te enseñe a nunca silenciar los pensamientos ni a guardar tus sentimientos, deja que lo mejor de ti salga al mundo.

Explota su potencial al máximo, y ve como tu universo se transforma, te darás cuenta que cuando dejas que la vida se sienta en ti la gente que te rodea te agregará valor, lo que aprendas te aportará sabiduría y lo que hagas te encumbrará hacia lo que para ti sea la felicidad.

Deja el miedo y la vergüenza a un lado, que ellas lo que hacen es opacar tu brillo. No temas tocar el hombro del que te ignora porque no te entiende, no temas defender tus creencias, siéntete libre de expresar tu opinión indiferentemente de la situación en la que estés, nunca calles la voz de tu alma, nunca dejes de decir las cosas hermosas que orbitan en tu corazón, no temas ser diferente.

Recuerda que siempre habrá quien valore tu individualidad y la aplauda, recuerda que siempre habrá quién te señale y de volumen a tus imperfecciones, a tus errores.

Sé como la vida misma, extraordinaria, sorprendente, deslumbrante.

Sé como la vida misma, sabia y finita.

Proponte siempre abrir camino entre los campos de espinas y entre los campos de flores; corre la cortina del escenario y da tu mejor presentación siempre, procura tomar riesgos que puedas montar en hombros y aun así poder echar a correr.

Y cuando sientas que la vida se agota y que te abandona, date cuenta de que ella no se ha ido, que la has amado tanto que no puede abandonarte así no más y que descansa sobre tu pecho y que al igual que tú está orgullosa de los hermosos estragos que crearon mientras se comían el mundo.

domingo, 6 de junio de 2010

Enamorada?

Enamorada, como nunca antes, con una intensidad que me explota en el corazón.

Como todo enamorado que se siente atrapado por las redes del amor y del deslumbramiento he caminado sobre nubes de algodón, he tocado el cielo con la yema de mis dedos, he sentido la miel de la pasión en mis labios y he derrochado horas y horas de contemplación de mi corazón expuesto al amor.

No conozco saciedad para mis ansías de besar su boca, de morder sus labios, de escuchar su respiración, mi cielo está cubierto de verdes y brillantes muérdagos que perpetúan el amor para allá de lo que pueda comprender.

Me muero esperando estar a su lado, me pongo nerviosa cuando lo tengo cerca, hablo más de la cuenta, me froto las manos, y cruzo las piernas a cada momento; su presencia me desestabiliza.

He sentido mi corazón congelarse al escuchar su voz, mi ojos derramarse por mi mejillas cuando no puedo tenerlo a mi lado, he sentido todo aquello que siempre se ha oído decir que padecen los enamorados.

He probado la hiel de los celos enfermizos, la angustia de la incertidumbre, he deambulado por la decepción, he dado el perdón, he conocido el olvido, me he hundido en el deseo, he rasgado mi garganta de felicidad, lo he abrazado con todas las fuerzas de mi alma, lo he amado sin medida y sin mesura, le he mentido mil y una vez, le he abierto mi pecho de par en par, le he ocultado mis lagrimas, le he mostrado mi infinita sonrisa, he llorado en plena calle sin poder detenerme sólo porque él es capaz de provocar una profunda tristeza en mí, aunque no quiera admitirlo me tiene a su merced.

Estoy enamorada, de una forma tan profunda y tan inocente que me aterra, estoy enferma de algo que nunca me había afectado antes, estoy muriendo de amor, así tan cursi como suena, así tan cliché como suena, me estoy convirtiendo en aquello de que tanto me burlé y ridiculicé en la vida.

Pero es extraño como se puede vivir en agonía por tanto tiempo, sólo porque es esa misma agonía la que te mantiene con vida, es una especie de mal necesario, un placebo para el corazón.

Estoy enamorada, enamorada hasta las huesos, no tengo cura, no tengo remedio, pero eso no importa, porque no quiero encontrar algo que me cure de mis males, que para mí son siempre bienes.

Lo amo, me entrego sin medida y me dejo llevar por lo que el amor me da, él por su parte… no sé habrá que averiguarlo.

viernes, 4 de junio de 2010

La carrera de la vida


Eché a correr como quien busca terminar pronto una faena tortuosa, pero tuve el cuidado de agregarle parsimonia cadencia al paso como quien quiere extender el orgasmo que le produce una experiencia placentera, un momento de gloria.

Aunque mis pies se miraban desnudos ante el despiadado y ardiente pavimento no dudaron en apoyarse en él durante el avance, no hay tiempo para titubeos ni contemplaciones, el movimiento es ahora y éste no acepta retrocesos.

Siento como la carne de mis pies se adhiere al suelo y de inmediato se funden, como si se tratase de un profundo beso. Siento como hay partes en ellos pobladas de piel callosa que son las que marcan el ritmo y el paso veloz. Es probable que esas callosas áreas se hayan forjado a punta de largas caminatas, donde la falta de misericordia del tiempo que acecha les dio esa textura de metal que las vuelve inmunes al dolor.

He caminado ya por años, siglos tal vez, no tengo noción del tiempo, solo sé que debo seguir el sendero, el sendero que me llevará al lugar donde tengo que estar.

Mis pies sangran y dejan una estela de brillante rojo escarlata. La estela se seca con el viento y se precipita hacia el suelo, impregnando el pavimento y formando patrones y figuras irrepetibles.

Las rodillas se contraen frenéticamente con el paso agitado, parece que se agrietan lentamente para quebrarse con violencia al llegar al límite, pero el cuerpo es fuerte, más de lo que podría imaginarse.

Entre mis uñas al pasar se han incrustados astillas que presionan la carne, no tengo tiempo para removerlas, si arqueo el cuerpo puede que mi cabeza caiga y comience a rodar.

Ya con el tiempo la gracia de mi andar se ha desvanecido, ahora mi paso es torpe, tintinean al chocar mis tobillos enrojecidos y hundo con enojo los talones en la tierra.

El destino se aclara ante mis ojos empañados por el sudor helado que desciende por mi frente, un destino que a la menor provocación estalla impetuoso, colérico. No le temo, ya lo he burlado en el pasado, he corrido a su lado, con estos mismos pies desnudos, otras veces sin saberlo me ha cargado en hombros y otras pocas lo he abandonado en la carrera.

Este camino no se acaba cuando yo así lo quiera, tampoco puedo volver por él aunque quisiera, solo puedo mirar al horizonte, mi horizonte, que puede ser tan igual o diferente como el tuyo.

Nunca nos toparemos en nuestros andar, estamos en dimensiones diferentes, aunque sabemos que existimos y vamos hacia la misma dirección, sin embargo espero que al final de la vía, de la vida misma, podamos mirarnos de frente y abrazarnos por toda la eternidad.