Qué es una MAN KILLER?

Una Man Killer es una mujer dinámica, enérgica, inteligente y decidida. Es la perfecta compañera para lograr las metas en común y tener libertad para lograr las personales.


Una Man Killer nunca será sumisa ni torpe al hablar, su voz es fuerte y decidida, sabe lo que quiere, lo que le beneficia y sabe cuando dejar atrás lo que no la ayuda a ser mejor.

Como todos una Man Killer tiene sus días malos, pero de ella misma depende de que solo sea eso, un día...


domingo, 6 de marzo de 2011

Gnomo de Jardín


No me interesa tener un jardín con gnomos de yeso, ni tampoco un tendero amplio.

Tampoco me roba el sueño tener la receta del dip perfecto o tener enmarcada una “Sagrada Familia”.

Puedo vivir sin haberme puesto delantal alguno o sin tener un libro de recetas a mano.

No te preocupes si no me invitas a tu boda o a tu té de canastilla, siempre sentiré un cariño enorme por vos y un agradecimiento eterno por haberme facilitado la excusa para no estar presente.

No tengo problema en no tener en mi closet un vestido de fiesta, ni un bolso elegante, tampoco una vajilla para 6 personas y un mantel presentable.

No te sientas incómodo si no me haces la madrina de tus hijos, es entendible que busques a alguien con mayor experiencia.

Gracias por no hacerme tu niñera y pedirme cualquier otro favor más factible.

No me preocupa no tener que tender una cuna, preparar un remedio o pegar dibujos en la nevera, tampoco no saberme las canciones de Discovery Kids o quedarme callada en medio de una conversación de madres, eso me hace sentir anormal y es grandioso.

Quítame la televisión, no la necesito, puedes llevarte mi cama tampoco me hace falta, no necesito un ropero y tampoco me hace falta la secadora de pelo. Sólo déjame el espejo para tener con quien conversar.

No sé qué tan riesgoso puede ser decirte lo que realmente me mataría si llegara a faltarme, tal vez lo mejor sea que me lo guarde, para poder tener el control de aquello que me aniquila con un solo segundo de ausencia.

lunes, 21 de febrero de 2011

Soy un Florentino Ariza...


Soy una especie de reencarnación de Florentino Ariza sentada en una esquina de la cama, con lo pies desnudos y pesados como el plomo, con los brazos colgando a los costados del cuerpo, un poco encorvado. Sentado en la misma cama en la que el amor ha dado giros juguetones y se ha deshojado sin pudor mil y una vez, cama desde la cual ha esbozado sonrisas cómplices y dulces, en la misma cama donde ha jugado con mi cabello, en la misma cama donde fugaz como ha llegado se va.

Soy un Florentino Ariza que ha adormecido entre sus sábanas miles de amores, tan idénticos, que parecen venir todos en una misma caja, todos ellos lejanos, frágiles, finitos; que al final lo que provocan es recordar aquel amor fugaz que ya no está, que me abandonó.

Espero con ansías lo que no es para mí, vivo en la tortura eterna de amar a quien no me corresponde, esperando mucho, por mucho tiempo y recibiendo nada. Nada me pertenece, sólo esta cama que sigue envolviendo pequeñas motitas de amor prefabricado, pequeños destellos de luz artificial como si se trataran de una bocanada de humo para un fumador agonizante.

Desfilan ante mí amores que suplican mi presencia, que me rodean con sus brazos y me adormecen como si se tratara de cantos de sirenas, viven del éxtasis que emana de mis ojos y me consumen en sus vaivenes sin siquiera darme cuenta, hasta que vuelve a mí el vacío y la tristeza de quien recuerda que está a la espera de algo que no llega.

La vida me hace pensar en un minuto eterno, donde todo lo amado se fusiona, pero después sin previo aviso me lo cambia por un segundo efímero que desaparece en un pestañear, sin dejar ni siquiera un rastro de sabor dulce en los labios.

A veces me gustaría tomar esta cama y lanzarme con ella al fondo del mar y ahí dormitar hasta que mi cuerpo se desintegre. Desearía echar esta cama a las brasas ardientes para que se extinga entre horrorosos crujidos.

Desearía que mi voz interna no me acribille con sus argumentos de cordura y sensatez, desearía poder enterrarla para que sean las raíces de los viejos árboles quienes soporten sus lamentos.

Qué tortura!, que calvario es esta cama vacía!,

Qué tortura!, que calvario es esta cama llena de amores superfluos! cuando ella sólo está a la espera de tu regreso.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Somebody to love


Tú que dices ser mi amigo ayúdame a buscar alguien a quien amar, sé creativo y piensa en alguien que calce como un calcetín perfecto al contorno de mi vida.

No necesito de alguien que me idolatre para que al final de cuentas no esté conmigo en los momentos en que necesite compañía, tampoco alguien que me dedique y construya un altar para luego no pensar ni un minuto siquiera en tenerme en su vida como algo más que una foto en la billetera o un recuerdo en la guantera del carro. Búscame alguien que me llame de madrugada sin tener mucho que decir sólo para escuchar mi voz, o búscame alguien que me tome de la mano al caminar, alguien que se le olvide mencionar lo maravillosa que soy pero me lo haga saber con sus acciones.

Ayúdame amigo mío, a encontrar esa persona que me haga perder el raciocinio, que me revuelva el estómago, que me endulce el semblante, que me seque la garganta, que me levante el ánimo, que me congele el pecho, que me haga temblar la piernas, que me convierta en un títere a merced de su voz.

Quiero delirar, quiero recordar lo que es sentir mariposas en el estómago, quiero sonrojarme ante un arrebato de romanticismo, quiero pellizcarme y poder asegurarme de que no es un sueño.

Quiero encontrar a una persona que realmente me extrañe cuando me vaya, a alguien a quien no me cueste creerle sus halagos, a alguien que sea parecido a lo que he soñado.

Amigo ayúdame a encontrarlo, ayúdame a pensar que no estoy pidiendo imposibles, ayúdame por que yo sola no puedo, por que cuando he creido encontrarlo no ha sido cierto, ayúdame a quitarme la idea de que no soy lo suficientemente ideal para alguien, ayúdame a no sentir el yugo que con su peso desgarra la carne y expone el nervio, sensible, a punto de reventar, ayúdame a no sentirme tan vulnerable.

martes, 16 de noviembre de 2010

Cocowash


Pasas un día de perros, donde el 90% de las cosas te han salido mal y el 10% restante peor; sientes que podrías desaparecer en este momento de la faz de la tierra, explotando como una pequeña bomba molotov hecha de confeti.

Qué se puede hacer ante tan triste existencia? : Pues ir a que te laven la cabeza.

Sal en busca de unas manos rebosantes de atención y sumerge en ellas tu perturbado cráneo.

Reclina tu cabeza y fija la mirada en el techo, mientras unas delicadas manos masajean tu cuero cabelludo como tratando de dar orden al desorden cerebral que llevas dentro. Detén tu mirada sobre el techo blanco que se despliega ante tí, un lienzo tan blanco como tus pensamientos en ese momento, no hay signo de actividad neuronal, solo un enorme espacio de silencio.

Déjate seducir por esos dedos largos y delicadamente femeninos que cubren con champús de ricos olores cada hebra de tu pelo, al punto de que casi podrías declararle tu amor eterno a esa mujer si sigue consintiéndote de esa manera.

Siente como remoja tu cabello, lo retuerce suavemente y lo vuelve a mojar. Piensas en lo delicioso que sería soltar todas tus torturas y desventuras y dejarlas ir con el agua jabonosa que emana de tu cabello y desaparece por la cañería.

Es imposible no cerrar los ojos antes tal estimulo. Sientes como ella con sus manos te acomoda las ideas: las más malas las acomoda cerca de las orejas, las buenas en la base del cráneo y si se lo pides puede que te acomode las mejores a la altura de la frente, para que las recuerdes cada vez que te veas al espejo.

Recuerdas la rabieta que te hiciste a vos mismo ante la idea de ir al salón a que te hicieran algo en la cabeza y sonríes hacia tus adentros pensando en lo que te hubieras perdido; ahora, podrías quedarte en esa posición el resto de la eternidad.

Sabes que el tiempo pasa rápido y que en cualquier momento el idilio de agua, manos y champús de mil olores se dará por terminado y te resistes a enfrentarte a tal pena, aún hay mucho que lavar en tu cabeza, tanta mugre recogida por años y años de malas decisiones y malos pensamientos se ha vuelto dura de roer.

Por fin llega el momento, sientes que las manos detienen su vaivén entre tus cabellos y se sacude tu cabeza entre el roce de una toalla seca, es hora de partir. Te levantas de la cómoda silla un poco aturdido de retomar tu postura erguida, mientras tu cabello esponjado y limpio se te viene para la cara.

La muchacha te mira y te pregunta qué te quieres hacer, a lo que respondes que nada, sólo ocupabas el “cocowash”…

¿Cuánto le debo señorita?.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Blog


Aveces es casi inevitable poderme despegar de la esencia glutinosa y extremadamente dulce que perfuma mi feminidad y que a veces me produce migrañas; y como reitero que es inevitable desligarme de ella por completo, en ocasiones caigo bajo sus juegos mentales y empiezo, de forma instintiva, a dibujar en mi cabeza pequeñas nubes color rosa en las cuales comienzo a bordar sueños al mejor estilo de película romántica.

Eso me pasó hace ya algunas semanas cuando comencé a pensar en mi “blogger azul”. El sueño parecía una secuela de la famosa película de you’ve got email?, sólo que nunca pude asociar al blogger de ensueño con alguien en mi realidad.

Soñaba con que a muchos kilómetros de aquí (porque definitivamente cerca de mí no está), hay un hombre que se sienta en su carro, o mira a la gente desde la ventana del bus pensando en que escribirá en su blog. Piensa que se expone mucho a veces a comentar ciertas cosas, pero que al final nada debe temer, porque de sus 5 seguidores, 4 son de extrema confianza.

Nunca comenta con nadie las cosas que escribe en su blog, no tiene intención de promocionarlo, tampoco le preocupa no tener comentarios de sus entradas, las que ha escrito para sí mismo más que para el mundo. Las publica claro está, en la web, a la vista de todos, pero lo hace a manera de catarsis, es como si te pusieras un disfraz y todos te observaran, pero al final nadie sabe exactamente quién eres.

Me lo imaginaba llegando a su casa, después de la oficina, viviendo solo, siendo super hacendoso, preparándose la cena, escogiendo algo de música para suavizar el ambiente, mientras enciende su notebook.

Mientras prepara su cena piensa en el título de la entrada, se quita los zapatos y se pasea en medias. Luego de cenar y dejar todo para lavarlo en la mañana se sienta frente al teclado, se pasa las manos por la cara varias veces, como queriendo acomodar las ideas que gesticuló en silencio en el camino; se rasca la barba que va creciendo y se desabotona la camisa.

Luego se levanta de la silla, abre la ventana para que entre la brisa nocturna, vive en un segundo piso, lo cual es ventajoso, ya que nunca será distraído por algún transeúnte o vehículo que lo pueda sacar de su trance creativo.

Piensa y repasa su día para definir que matiz va a tener su entrada hoy.

Y entonces comienza. Escribe y escribe si devolverse entre las líneas, las correcciones y modificaciones vendrán después; las ideas se deslizan tan rápido que si frena su cauce perderá muchas de ellas. Escribe y escribe, olvida contestar el teléfono, olvida contestar los mensajes de Messenger que tintinean en la barra, el mundo murió para él en este momento.

Me lo imaginaba poniendo un pie encima del otro, mientras toma un respiro, ya hace frío y las delgadas medias no bloquean el helado viento que se desliza a milímetros del piso.

Termina de escribir y repasa lo que ha hecho. Corrige algunas cosas y tiene problemas para darle un cierre a su entrada, pero después de varios intentos lo logra.

Lo lee una vez más y lo publica. Eso es todo.

Pasea de nuevo sus manos por su barba y se acomoda el cabello, está exhausto y ya casi es media noche, pero sabía que no podría conciliar el sueño si antes no escribía aquello que le pesaba hasta en las bolsas del pantalón.

Ahora comienza a quedarse dormido, mientras piensa que tal vez, probablemente, a miles de kilómetros de ahí, dentro de algunas horas y de manera casual, alguien se topará con su blog y se sentirá tan identificado con él, que sentirá que se mira en un espejo, y se preguntará donde ha estado el creador de toda esta historia durante toda su vida.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Dolor


¿Qué haces cuando sin sentirlo aún, ya encoges tus pies y dilatas tus ojos de dolor?.

Sin casi notarlo, sin pensarlo, te arrinconas en una pared y entrelazas tus brazos frente a tus piernas, como esperando el golpe frío del viento, el aliento cancerígeno, la brisa tortuosa del dolor que se acurruca a tu lado.

Es cuando piensas que no eres tan valiente como creías, que eres como cría extraviada en medio de un bosque oscuro, que estás aterrada y que te sientes sola.

Porque hay dolores que se pueden gritar a los vientos, que se comparten con el mundo, que nos cubren de compasión y empatía; pero están los dolores que se deben mantener a la sombra, los que se arrastran en silencio, los que se cubren con maquillaje, con sonrisas, con frases cortantes.

¿Qué haces cuando el dolor te aprisiona, te amordaza la boca y te jura que va a estar a tu lado por siempre?.

El dolor aún no llega, pero se siente cerca, viene de camino, tarde o temprano llegará, a gritarme a la cara mis imperfecciones y a sellarme los labios para que grite por dentro.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Brebaje Envenenado


Hoy he decidido beberme en gigantes sorbos este amor que me está lacerando el sentido. Lo beberé sin derramar gota alguna, para que no quede evidencia de su existencia.

No puedo arrojarlo al viento, porque podría sentirse lleno de vida con el roce del viento, podría tomar impulso y sentirse enérgico, desnudarse y mostrarse sin reparar en miedos.

No puedo enterrarlo bajo cien capas de tierra por que podría expandirse por las praderas, por los campos, por los desiertos, por las ciudades y volver a la superficie como un botón de rosa, como una espiga danzante, como un jugoso fruto.

No puedo lanzarlo al inmenso mar por que podría sentir ganas de mezclarse con las olas y la sal, y luego podría llegar a la costa y entre murmullos marinos contar el secreto.

No puedo dejarlo en la oscuridad porque podría llamarlo a gritos pidiendo su ayuda.

No puedo arrojarlo al fuego porque está hecho de fulgurante pasión, pasión que quema, que derrite.

No puedo enviarlo al cielo porque no es bienvenido, no puedo desterrarlo al infierno porque de ahí ha salido.

No puedo encerrarlo entre las paredes de mi silencio porque podría engañarme y hacerme decir cosas que no quiero.

No puedo dejarlo en un rincón porque su eterno llanto no me dejaría dormir por las noches.

No puedo regalarlo porque tiene dueño.

No puedo dejarlo debajo de mi almohada porque podría seducirme de nuevo con su arrullo.

No puedo endosárselo al tiempo porque él no ha podido exterminarlo.

No puedo dejárselo al dolor porque lo torturaría por toda la eternidad.

No puedo entregárselo a mis deseos por que acabarían con mi paz.

No puedo vivir con él porque me envenena.

Por eso es que lo bebo para que no quede rastro de que alguna vez existió; lo bebo sin saborearlo, como un trago amargo, como un espeso brebaje envenenado.